La Primera vez

     Nunca antes había utilizado los servicios de chicas de compañía, pero ese día me había quedado solo en casa, mi mujer se había ido al pueblo a visitar a sus padres y se había llevado a los niños.

Mirando el periódico comencé a curiosear en las páginas de relax. Me pregunte como seria follar con alguna de aquellas chicas en mi misma casa, conforme fantaseaba comencé a calentarme y eso me ayudo a decidirme.
Escogí un anuncio y llame para informarme, la chica que me atendió me describió a sus compañeras, opte por Adriana porque su físico correspondía al tipo de mujer que me da más morbo, pero cuando llego y la vi, lo flipe; tenía ante mi una morenaza guapísima con pelo largo y cuerpazo imponente. 

     Llevaba una faldita corta que enseñaba un par de muslos de los que quitan el sentido. Cuando la pague, guardo el dinero en el bolso y al hacerlo se le cayo un pintalabios, se agacho a recogerlo y al hacerlo me enseño su culete en todo su esplendor adornado por un pequeño tanga blanco por cuyos lados asomaban deseosos de ser liberados un ramillete de pelos negros de su chochete. No pude reprimirme por mas tiempo, le quite el bolso de las manos y lo deje encima de la mesa, ella se sorprendió, pero no le dio tiempo a decir nada porque antes de que lo hiciera le estaba comiendo la boca mientras le metía mano por debajo de la falda, subiéndosela, tocándole el culo, apartándole el tanguita y metiéndole mano en el chocho.

Después de un rato besándola y tocándola su chochete empezó a mojarse. Eso me volvió loco, empecé a desnudarla, conforme lo iba haciendo mi excitación se disparaba. Desnuda era un bombón: sus tetas eran bonitas, proporcionadas, firmes; su culo y sus piernas prietas, su chochete recortado, precioso.
Me desnude en un plis plas. Mi polla estaba dura como una piedra, ella se agacho delante mío y empezó a chupármela mientras con las manos me magreaba el culo. Como la chupa la condenada; nunca antes me la habían chupado así. Me la puso dura, dura, dura. Cuando me puso el preservativo la hice apoyarse en el sillón, me incline y le chupe el culo y el chocho, estaba chorreando, al verla así ya no pude contenerme mas, se la metí por detrás y su chocho chapoteaba al ser follada, la tumbe sobre la alfombra y se la volví a meter después de un rato sus ojos se le pusieron vidriosos, me apretó el culo con sus manos con fuerza, comenzó a gemir desesperada y se corrió como una tigresa, yo también me deje ir. ¡Que orgasmo! No me he vuelto a quedar solo en mi casa pero he ido a verlas tres veces ya. Estoy enganchado a Adriana a su cuerpo y al meneito de sus caderas.